Bélgica reservó una fecha para octavos de final contra Estados Unidos después de que Youri Tielemans anotara un penalti en el minuto 125 que borró a Senegal en Qatar. Bélgica entró en el tiempo de descuento perdiendo 2-0 ante Senegal en los octavos de final, contemplando la eliminación antes de que el árbitro Saíd Martínez señalara el punto tras la revisión del VAR. La decisión dependió de una entrada de Lamine Camara sobre Tielemans dentro del área en el minuto 124.
Tielemans, que ya había recibido una falta momentos antes, dio un paso al frente y anotó el empate a los 125, convirtiéndolo en el último gol en la historia de la Copa del Mundo. La prórroga no produjo más goles, lo que envió el partido a los penales, donde Bélgica convirtió los cinco intentos. Senegal falló dos veces, incluido un fallo de Ismaila Sarr en la tanda de penaltis, sellando la victoria de Bélgica por 5-3 en los penales tras un empate 2-2.
La pura improbabilidad de la recuperación de Bélgica (dos goles abajo cuando faltan segundos para el final) refleja sólo un puñado de sorpresas en la Copa Mundial, donde el drama tardío redefine las narrativas. Este partido ahora se ubica junto al Liverpool vs AC Milan de 2005 y el Alemania vs Argelia de 2014 como momentos en los que la imprevisibilidad del fútbol aplastó las nociones preconcebidas de impulso. El penalti en el minuto 125 no sólo batió un récord; destrozó la ilusión de que el fútbol eliminatorio se ajusta a cualquier guión más allá del caos.
El papel del VAR en este resultado obliga a tener en cuenta el arma de doble filo de la tecnología. Si bien es innegable que el VAR ha mejorado la toma de decisiones, su intervención aquí, después de 124 minutos de juego, expone la tensión entre la precisión y el drama humano de un juego moribundo. La controversia no se trata sólo de la falta; se trata de si el alma del fútbol se nutre de la imperfección o exige una corrección absoluta, incluso a costa del espectáculo.
No se puede subestimar el costo psicológico de tal colapso. Los jugadores de Senegal, que habían dominado la posesión y creado múltiples oportunidades, quedaron congelados por el repentino cambio. Los estudios sobre momentos de alta presión en el deporte de élite muestran que los equipos que llegan tarde a menudo experimentan una desaceleración cognitiva, lo que los hace susceptibles a errores catastróficos.
Bélgica, mientras tanto, aprovechó una ola de adrenalina y desesperación, convirtió el penalti y luego mantuvo los nervios en la tanda de penaltis. El contraste entre los estados mentales de ambos equipos en esos minutos finales subraya cómo el fútbol eliminatorio es tanto una batalla de psicología como de táctica. Este resultado también cambia la narrativa del torneo de Bélgica.
Una vez descartada como una generación dorada que se desvanece, la supervivencia de Bélgica aquí, en medio de un equipo que ahora cuenta con piernas más jóvenes como Johan Bakayoko y Arthur Theate, indica un cambio potencial. El drama del minuto 125 puede que no borre las críticas por sus luchas en la fase de grupos, pero demuestra que este equipo todavía tiene la capacidad de desafiar las expectativas cuando hay mucho en juego. El técnico belga, Rudi García, admitió después del partido que su equipo “no tenía derecho” a estar en el partido antes del drama del minuto 125.
El técnico de Senegal, Aliou Cissé, se negó a criticar el arbitraje, pero calificó el resultado de “injusto”, haciéndose eco de la incredulidad generalizada en el estadio y en las transmisiones. Qué sigue: Bélgica avanza para enfrentarse a Estados Unidos en los octavos de final el 6 de diciembre en Al Rayyan, mientras que el torneo de Senegal termina en agonía después de una actuación valiente pero finalmente desgarradora. Leer en Guardian Football