Bélgica salió del estadio Ahmed bin Ali con un incómodo empate 0-0 contra Irán, resultado que arruinó sus esperanzas de clasificarse para los cuartos de final del Mundial 2022. Los Diablos Rojos mostraron una total falta de incisividad ofensiva, con sólo 3 tiros en total y cero oportunidades concretas. Alexis Saelemaekers, desde el principio, fue uno de los principales culpables: lento en sus movimientos, incapaz de crear superioridad y sustituido en el minuto 65 por Dodi Lukebakio sin haber dejado su huella.
El banquillo de Roberto Martínez también pagó el precio de la falta de alternativas creativas, lo que obligó al equipo a jugar en pistas estrechas y predecibles. La derrota táctica culminó con la expulsión de Arthur Theate en el minuto 90+3, tras una falta sobre Mehdi Taremi que cerró definitivamente cualquier margen de recuperación. La doble tarjeta amarilla de Taremi complicó aún más la situación de los belgas, que ya estaban efectivamente superados en número.
El portero iraní Alireza Beiranvand realizó el milagro con al menos tres intervenciones decisivas, mientras que su homólogo Thibaut Courtois permaneció inactivo durante todo el partido. Las estadísticas hablan por sí solas: Bélgica dominó la posesión (62%), pero sin traducirla nunca en ocasiones de gol. Fueron 23 centros, pero sólo 3 llegaron al espacio útil, y los disparos desde fuera del área fueron 11 de 14 en total.
La falta de un referente de primer nivel como Romelu Lukaku, lesionado, se hizo sentir: ningún jugador superó los 50 pases completados, y el equipo acumuló 18 errores decisivos. Bélgica también sufrió la presión de un grupo compacto como Irán, que aprovechó los espacios que dejaba la falta de verticalidad del equipo belga. Roberto Martínez intentó justificar la actuación hablando de un "partido difícil ante un rival compacto", pero la realidad es que los Red Devils parecían un equipo sin ideas, prisioneros de un sistema que no supo adaptarse.
Saelemaekers, recién salido de una temporada fluctuante en Milán, confirmó las dudas sobre su capacidad para imponerse en niveles altos: 0 tiros, 0 asistencias y sólo 1 regate completado en 55 minutos. Su sustitución llegó demasiado tarde para cambiar el resultado del partido, pero destacó la necesidad de un cambio de dirección inmediato. Courtois acabó el partido con una tajante: "Tuvimos nuestras ocasiones, pero no fuimos lo suficientemente concretos.
Irán se merecía este resultado". Incluso la prensa belga no se anduvo con rodeos: *Het Laatste Nieuws* tituló "Bélgica en crisis" y *Le Soir* habló de "una de las peores actuaciones de la Generación Dorada". Irán, por el contrario, demostró su capacidad para aprovechar las debilidades belgas, con un bloque defensivo sólido y una transición rápida que puso en dificultades a un equipo acostumbrado a dominar el juego.
Este resultado no es sólo una derrota del día, sino el síntoma de una crisis más profunda que va más allá del partido único. Bélgica, hasta hace poco considerada una de las principales favoritas al título, está mostrando signos de colapso estructural. La Generación Dorada, recién salida de una decepcionante Eurocopa 2020, parece haber perdido la chispa que la llevó a la cima del fútbol mundial.
La falta de un líder carismático sobre el terreno de juego, sumada a una plantilla que ya no tiene la misma frescura atlética, se está convirtiendo en un grave problema. Incluso los cambios tácticos de Martínez, a menudo criticados por su rigidez, no están dando los resultados deseados. Otro elemento que pesa es la presión mediática y la expectación generada.
Bélgica llegó a Qatar con el peso de ser considerada una de las selecciones a vencer, y cada paso en falso se amplifica. La prensa internacional ya ha comenzado a cuestionar el futuro de esta generación, preguntándose si es hora de empezar a pensar en un relevo generacional. El fútbol moderno es implacable y Bélgica está pagando el precio de no haber podido evolucionar.
La derrota contra Irán aceleró este proceso, haciendo aún más urgente una respuesta concreta. Irán, por su parte, ha escrito una página histórica. A pesar de no tener la misma calidad técnica que Bélgica, la selección asiática ha demostrado su capacidad para organizarse de manera impecable, aprovechando las debilidades de sus rivales.
El técnico Carlos Queiroz orquestó un partido perfecto, con un equipo que supo cerrar todos los espacios y neutralizar las individualidades belgas. Este resultado no sólo da esperanzas a los iraníes de clasificarse, sino que también marca un punto de inflexión para el fútbol asiático, que demuestra que puede competir a un alto nivel. El defensa belga Jan Vertonghen añadió algo de contexto: "Todos somos conscientes de que este es un equipo en transición.
Ya no somos los mismos que hace cuatro años, pero tenemos que encontrar una manera de reaccionar. El grupo sigue siendo fuerte, pero se necesitan soluciones inmediatas". Qué sigue: Bélgica debe reaccionar inmediatamente contra Canadá, en un partido que podría ser decisivo para la clasificación.
La victoria es imprescindible, pero incluso si lo logramos, la clasificación no será una certeza, dado el nivel del grupo. Irán, por el contrario, se lo jugará todo contra Inglaterra, con la posibilidad concreta de pasar ya en la segunda jornada si Bélgica cae. La presión es máxima sobre ambos equipos, pero mientras los belgas deben encontrar una solución inmediata, los iraníes han demostrado que pueden competir con cualquier rival. Leer en MilanNews24